viernes, enero 04, 2013

ATASCO


Míralo enredarse en mi dedo. Te lo había advertido: una parte de vos se iba siempre a quedar conmigo. ¡Míralo, es sorprendente! Es ese rastro despegado que aún toma mi forma y se aferra a mí sin dejarse caer. Recuerdo cuando tú lo hacías, ¡sí, eso de aferrarte y no dejarte caer!, entonces me sentía grande, grande y poderoso. Ahora ese pequeño vos que dejaste al partir no me hace sentir grande y mucho menos poderoso, pero te tengo.

Y ese poco atrapado de vos casi respira, se encoge, da vueltas y se estira, y no termina hasta que se aferra nuevamente a mí. ¡Cómo se ve que es tuyo, tuyo todo enterito ese rastro de vos! De raíz a punta y de inicio de vuelta hasta la vuelta final.

Algún tiempo me tomará descubrir qué otros retazos de vos desprendiste en tu violenta partida. Ojalá fueran muchos y ojalá fuera ninguno. Muchos para detenerte y ninguno para recordarte completa, tal como te amaba, tal como te amo: con tus abultadas caderas, tus senos casi perfectos y ese rizado cabello que aún húmedo desenredabas cada mañana y que al acariciarte hoy muy temprano quedó apenas remordido entre mis dedos cuando azotabas la puerta al decidirte partir.

Ya tenía mi discurso ensayado para cuando volvieras, escribí cada excusa y las pegué por toda la casa, solo para estar seguro de lo que te diría. Todo mientras envolvía y desenrrollaba ese rizado cabello que sin desearlo depositaste hoy en mi tardía caricia.

Hoy, tal vez hoy no era mi día porque de nada me sirvió el discurso cuando la única respuesta que recibió el oficial al teléfono fue el golpe del auricular contra el piso y el lejano tac tac, intuyo, del correr de mis zapatos moviéndose confusos sin saber a dónde ir.

Y sí, no me he marchado y es en tu nombre, te detengo en mi mente, completa, no como me dijo el oficial: inmóvil y sin respuesta. Te mantengo sonriente y tu rizo bamboleante hoy me recuerda a vos, a tus idas y venidas, a tus días y tus noches, a los gritos que esparcías dejándome apenas hablar.

Pero esta ida sin venida de hoy parece acabar conmigo, y el poco aire que dejaste atascado en este espacio vacío me pregunta, si es tu rizo el que se aferra hoy a mis dedos como vos a mí lo hacías, o si soy yo el que se aferra a mirarte entre las vueltas de ese algo que veo girar ya sin vida.



0 comentarios: