Míralo enredarse en mi dedo.
Te lo había advertido: una parte de vos se iba siempre a quedar conmigo.
¡Míralo, es sorprendente! Es ese rastro despegado que aún toma mi forma y se
aferra a mí sin dejarse caer. Recuerdo cuando tú lo hacías, ¡sí, eso de
aferrarte y no dejarte caer!, entonces me sentía grande, grande y poderoso.
Ahora ese pequeño vos que dejaste al partir no me hace sentir grande y mucho
menos poderoso, pero te tengo.
Y ese poco atrapado de vos
casi respira, se encoge, da vueltas y se estira, y no termina hasta que se
aferra nuevamente a mí. ¡Cómo se ve que es tuyo, tuyo todo enterito ese rastro
de vos! De raíz a punta y de inicio de vuelta hasta la vuelta final.
Algún tiempo me tomará
descubrir qué otros retazos de vos desprendiste en tu violenta partida. Ojalá
fueran muchos y ojalá fuera ninguno. Muchos para detenerte y ninguno para
recordarte completa, tal como te amaba, tal como te amo: con tus abultadas
caderas, tus senos casi perfectos y ese rizado cabello que aún húmedo desenredabas
cada mañana y que al acariciarte hoy muy temprano quedó apenas remordido entre
mis dedos cuando azotabas la puerta al decidirte partir.
Ya tenía mi discurso ensayado
para cuando volvieras, escribí cada excusa y las pegué por toda la casa, solo
para estar seguro de lo que te diría. Todo mientras envolvía y desenrrollaba
ese rizado cabello que sin desearlo depositaste hoy en mi tardía caricia.
Hoy, tal vez hoy no era mi día
porque de nada me sirvió el discurso cuando la única respuesta que recibió el
oficial al teléfono fue el golpe del auricular contra el piso y el lejano tac
tac, intuyo, del correr de mis zapatos moviéndose confusos sin saber a dónde
ir.
Y sí, no me he marchado y es
en tu nombre, te detengo en mi mente, completa, no como me dijo el oficial:
inmóvil y sin respuesta. Te mantengo sonriente y tu rizo bamboleante hoy me
recuerda a vos, a tus idas y venidas, a tus días y tus noches, a los gritos que
esparcías dejándome apenas hablar.
Pero esta ida sin venida de
hoy parece acabar conmigo, y el poco aire que dejaste atascado en este espacio
vacío me pregunta, si es tu rizo el que se aferra hoy a mis dedos como vos a mí
lo hacías, o si soy yo el que se aferra a mirarte entre las vueltas de ese algo
que veo girar ya sin vida.

0 comentarios:
Publicar un comentario